«La escritura de Levín tiene una cualidad muy difícil de encontrar: se lee a sí misma, se piensa, sin que eso la vuelva tediosamente abstracta o enroscada. Es casi un milagro, en este sentido. Es impredecible, burbujeante, y tiene la frescura poética y la lucidez política que guía a quienes aman más el proceso que el resultado. Como los vinos que nos invita a probar. Qué sed».Ricardo Romero