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    En algún punto de la historia –acaso desde su primer instante- el mundo se rompió todo. Si desde entonces el problema es nombrar el colapso con los restos del mismo, José Retik parece imponerse una meta mayor: celebrarlo hasta que el horror y la gracia se vuelvan indiscernibles. Con el tono pulcro de un etnógrafo alienígena que observa La Nación desde una sana distancia, narra, documenta e informa acerca del Impresor de Idiotas del Pensamiento Uniformado, sus Campos de Anulación Mental, su economía basada en la exportación de mancebos para el desarrollo del totalitarismo fascista de la Propaganda. Los fragmentos del colapso forman pequeñas máquinas narrativas ensambladas en un montaje esquizofrénico que da cuenta del Monstruo Político, pero con ello se desnudan también los límites de una Resistencia que reproduce los mecanismos de sometimiento que pretende rechazar. Sin salida, es la inmanencia del desastre y el desastre de la inmanencia, hasta que una línea de fuga se lo lleva todo hacia la dimensión del terror festivo: el cine líquido como un aleph vertiginoso, una mística de la literatura alucinada que todo lo embulle y fagocita para dejar entrever que si no hay política sin un fundamento delirante, entonces no hay literatura que no sea una política de la resistencia.


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    Cine líquido - José Retik

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    En algún punto de la historia –acaso desde su primer instante- el mundo se rompió todo. Si desde entonces el problema es nombrar el colapso con los restos del mismo, José Retik parece imponerse una meta mayor: celebrarlo hasta que el horror y la gracia se vuelvan indiscernibles. Con el tono pulcro de un etnógrafo alienígena que observa La Nación desde una sana distancia, narra, documenta e informa acerca del Impresor de Idiotas del Pensamiento Uniformado, sus Campos de Anulación Mental, su economía basada en la exportación de mancebos para el desarrollo del totalitarismo fascista de la Propaganda. Los fragmentos del colapso forman pequeñas máquinas narrativas ensambladas en un montaje esquizofrénico que da cuenta del Monstruo Político, pero con ello se desnudan también los límites de una Resistencia que reproduce los mecanismos de sometimiento que pretende rechazar. Sin salida, es la inmanencia del desastre y el desastre de la inmanencia, hasta que una línea de fuga se lo lleva todo hacia la dimensión del terror festivo: el cine líquido como un aleph vertiginoso, una mística de la literatura alucinada que todo lo embulle y fagocita para dejar entrever que si no hay política sin un fundamento delirante, entonces no hay literatura que no sea una política de la resistencia.


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