176 Pág.


    Distintos narradores, distintos escenarios poco conocidos, personajes

    olvidados por el mundo, de esos materiales se nutre Barro, hasta

    convertirse en una novela cuya sintaxis nos deslumbra por su arte de

    conciliar una dimensión poética con otra de dura crudeza. Porque en

    Natalia Rodríguez Simón, como en Era tan oscuro el monte, su novela

    anterior, ambos movimientos van de la mano: la crudeza se vuelve

    poética y la poesía se expresa como crudeza.

    En Barro hay bichos, bestias, partos, la dimensión animal de la existencia

    humana. Y también hay rancheríos, malones, indias, y nuevamente una

    profunda reflexión sobre la existencia humana.

    Natalia Rodríguez Simón pertenece a la clase de escritoras que van

    construyendo una obra. Seguir sus pasos, leer sus novelas, una a una,

    depara un inmenso placer a los lectores.


    Edita Mardulce

    176 Pág.


    Distintos narradores, distintos escenarios poco conocidos, personajes

    olvidados por el mundo, de esos materiales se nutre Barro, hasta

    convertirse en una novela cuya sintaxis nos deslumbra por su arte de

    conciliar una dimensión poética con otra de dura crudeza. Porque en

    Natalia Rodríguez Simón, como en Era tan oscuro el monte, su novela

    anterior, ambos movimientos van de la mano: la crudeza se vuelve

    poética y la poesía se expresa como crudeza.

    En Barro hay bichos, bestias, partos, la dimensión animal de la existencia

    humana. Y también hay rancheríos, malones, indias, y nuevamente una

    profunda reflexión sobre la existencia humana.

    Natalia Rodríguez Simón pertenece a la clase de escritoras que van

    construyendo una obra. Seguir sus pasos, leer sus novelas, una a una,

    depara un inmenso placer a los lectores.


    Edita Mardulce

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