En el corazón de junio es una obra que pone en crisis el relato al que estamos habituados para llevarnos a un modo estallado del narrar, donde se puede pasar de un territorio a otro, de un personaje a otro, de un tiempo a otro sin previo aviso, como en los sueños. La fragmentación, el collage, el pastiche, la asociación libre, la abundancia de intertextos, la cantidad de citas recicladas ponen también en crisis la idea de autoría (hay infinidad de referencias y de textos trasplantados o reciclados, desde Joyce a Conrad o Dostoievski, desde Wilcock, Quiroga o Melville al Nuevo Testamento, desde Chejov o Dante a canciones populares como En el puente de Aviñón, desde Silo hasta letras de tango, entre los que esta lectora detecta). La lengua se enrarece, lo narrado se enloquece en la abrumadora presencia de videncias, difuntos y dobles y en los juegos de espejo, los narradores, llámense Flores o Soler o Wilcock, van tras enigmas que, así como se persiguen, desaparecen y son reemplazados por otros, de modo que el lector nunca descansa en lo conocido porque el relato se abre a nuevos datos, saturación de informaciones que atentan contra “la naturaleza del contar”. Leer es como profanar un secreto, dice en una de sus páginas, y eso es lo que nos pide que hagamos en el corazón de este nuevo junio.

    María Teresa Andruetto


    En el corazón de junio - Luis Guzman

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    En el corazón de junio es una obra que pone en crisis el relato al que estamos habituados para llevarnos a un modo estallado del narrar, donde se puede pasar de un territorio a otro, de un personaje a otro, de un tiempo a otro sin previo aviso, como en los sueños. La fragmentación, el collage, el pastiche, la asociación libre, la abundancia de intertextos, la cantidad de citas recicladas ponen también en crisis la idea de autoría (hay infinidad de referencias y de textos trasplantados o reciclados, desde Joyce a Conrad o Dostoievski, desde Wilcock, Quiroga o Melville al Nuevo Testamento, desde Chejov o Dante a canciones populares como En el puente de Aviñón, desde Silo hasta letras de tango, entre los que esta lectora detecta). La lengua se enrarece, lo narrado se enloquece en la abrumadora presencia de videncias, difuntos y dobles y en los juegos de espejo, los narradores, llámense Flores o Soler o Wilcock, van tras enigmas que, así como se persiguen, desaparecen y son reemplazados por otros, de modo que el lector nunca descansa en lo conocido porque el relato se abre a nuevos datos, saturación de informaciones que atentan contra “la naturaleza del contar”. Leer es como profanar un secreto, dice en una de sus páginas, y eso es lo que nos pide que hagamos en el corazón de este nuevo junio.

    María Teresa Andruetto


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