118 Pág.


    La divorciada y el gin


    Amo las pintas heladas en las que venís,

    y las botellas atlas con sus hombres uniformados;

    los bares donde se te sirve frío

    en vasos cortos, el sabor de las aceitunas sumergidas,

    y los bancos garabateados donde te veo

    pasar impacientemente de una boca

    a la otra, la servilleta enroscada ajustada alrededor

    de tu cuello, la mano que te sostiene

    temblando un poco por su urgencia

    que es la verdadera fuente de deseo, Dios, amo

    lo que me hacés en la noche cuando estamos solos,

    cómo me esperas a que te lleve dentro de mí

    hasta que estoy tan confundida con vos que no puedo

    más estar de pie. Sé que me querés

    desvalida, cada célula gimiendo, y te doy

    eso, te dejo tenerme en la forma que te

    gusta. Y cuando terminas

    girás la cabeza hacia la pared mientras que yo

    me enrosco en vos otra vez, y entro en otra mañana

    con aspirina y el dolor inútil

    que viene de amar, demasiado bien,

    a aquellos que, bajo la apariencia del placer,

    destruyen todo lo que tocan.


    Edita De todos los mares

    Antología salvaje - Kim Addonizio

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    118 Pág.


    La divorciada y el gin


    Amo las pintas heladas en las que venís,

    y las botellas atlas con sus hombres uniformados;

    los bares donde se te sirve frío

    en vasos cortos, el sabor de las aceitunas sumergidas,

    y los bancos garabateados donde te veo

    pasar impacientemente de una boca

    a la otra, la servilleta enroscada ajustada alrededor

    de tu cuello, la mano que te sostiene

    temblando un poco por su urgencia

    que es la verdadera fuente de deseo, Dios, amo

    lo que me hacés en la noche cuando estamos solos,

    cómo me esperas a que te lleve dentro de mí

    hasta que estoy tan confundida con vos que no puedo

    más estar de pie. Sé que me querés

    desvalida, cada célula gimiendo, y te doy

    eso, te dejo tenerme en la forma que te

    gusta. Y cuando terminas

    girás la cabeza hacia la pared mientras que yo

    me enrosco en vos otra vez, y entro en otra mañana

    con aspirina y el dolor inútil

    que viene de amar, demasiado bien,

    a aquellos que, bajo la apariencia del placer,

    destruyen todo lo que tocan.


    Edita De todos los mares

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